- Perdona, no te estaba escuchando.Y yo lo sabía, lo sabía desde aquel mar en mitad de la noche, el ahogo, las ganas de arrancarme cada pelo y destrozarme cada poro de mi cuerpo. La cama, el sumidero por el que verter desórdenes. - ¿Qué tal te va?. El silencio y las mantas para tapar los nidos de ratas. Alguien me lo advirtió y no quise hacer caso. - Te veo desmejorada. Y qué quieres que haga.– Pasas demasiado tiempo sola y te estás convirtiendo en una jodida zorra sin escrúpulos. Y eso duele, y pica, y dan ganas de salir corriendo. Me jode saber que era verdad lo de corrosiva, vulgar, imbécil, complicada. – Además, no descansas lo suficiente.No amo lo suficiente, no disfruto lo suficiente, no follo lo suficiente, no, no puedo, no puedo en medio de este sembrado de minas antipersona. Y te pones a pensar en la gente, los lugares, las tonterías, lo inapropiado, los errores, el orgullo, el tinuní, y te mueres. Te mueres. – Pero qué mal lo has hecho. Fuiste tú quien me despertó el dolor y, por ende, la lucidez de custodia, reparo, odio honorario, espía, puta, puta y más puta. Y cuanto más quiero escapar, más me quedo porque más me duelen los huesos y se me cuartea la lengua. Y no ser capaz de nada, ni de un SOS en morse, ni de encender las vengalas. - ¿Prefieres hablar o follar? Lo que menos duela. ¿Y si acabas y me giras por el humo que desprenden mis pupilas? – Me incendias, me desesperas, me exprimes la energía… pero me encanta que te tragues el veneno. Como siempre. – Sí, como siempre.
12 enero, 2012
