hemostasia

A veces, cuando el dolor te taladra y te tamborilea en las sienes en cada paso fallido, tu cuerpo queda reducido a la categoría de resorte y te convierte en un extraño ante ti mismo. Te estructura la mente en una red de pasadizos entrecruzados por un lado y otro, arriba y abajo, iniciando el vertiginoso camino hacia la autodestrucción innata que te convierte de nuevo un un cuerpo vegetativo. Y sólo puedes mirarte desde fuera, buscando la perspectiva adecuada desde todos los rincones en los que la luz se ajusta al grado de ento(r)nación de los ojos, hasta convertir el enfoque en el ángulo adecuado y perfecto que armonizará el conjunto ojo-luz-rincón. Es entonces cuando vuelves a preguntar(te) dónde se encuentra esa descarga eléctrica, el punto exacto que parte los lápices y desafina las cuerdas, y buscas un camino dormido que te garantice llevarte a algún sitio al que no habías pensado ir, sin cavilar muy bien si merece la pena ponerlo todo en juego porque te sientes rota de una manera que tiene la fuerza de convicción, la capacidad de control y el poder de soñarbuscar que nunca tendrán las telas horteras que te hacen sentir entera diariamente; como si tu verdadera naturaleza consistiese en estar quebrada. Y cuando te propones olvidarte de ello y lo consigues en un último intento desesperado y agonizante, descubres que es entonces cuando lo estás realmente, notas la lengua cuarteada al hablar y te silban los soplos internos. Piensas que igual es porque algo te grita desde dentro y te tira de todas las hebillas para impedir que des un paso más; que quizás no había sido necesario revolverlo, pero te diste cuenta lo suficientemente tarde como para haber perdido todas las energías y haber deshecho todos los relojes de arena intentando convencerte de que no estabas equivocada. Y de nuevo te atrapa la encrucijada en la que confluyen melodías caprichosas que se aparecen intermitentes en los márgenes de tu río interno, para hacerte entender que llega un momento en el que las fases del proceso invariable de curación dejan de ser efectivas, que la reconstrucción de los tejidos granulares se vuelve imposible… porque todo aquello que necesita ser lamido constantemente, no cicatrizará nunca.

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